sábado, 29 de septiembre de 2012


Te hablo porque no hay mejor manera de demostrar mi amor, porque nada me calma hoy que te he perdido, porque eres la nube que me cubre, porque tus ojitos como dos luceros me miraron, porque me sentí morir cuando morías, porque tu más que nadie sabes que jamás te quise hacer daño, porque el único ser que tendría que perdonarme eres tú, y sé que me perdonaste cuando tu cuerpecito dejo de moverse. Que la cicatriz que me dejas no se compara con lo que te hice. Pero a veces lastimas a quien más quieres, yo no sé que haya sido, que energía jugo este juego, pero tú te vas como una estela a brillar en este cielo de encima de mi cabeza; yo me quedo jugando, perdiendo y tal vez ganando. Sé que tus ojitos me dijeron algo y lo siento mucho a nadie podrías dolerle más que a mí, yo que sólo tuve la fuerza para tomarte entre mis dedos y pedirte perdón.

Pero gracias a ti cielito descubrí y confirme lo que nadie me hubiese dicho, porque tu dolor me gritaba desatando un dolor que me acribilla y me atormenta. Lo cual no tiene nada que ver contigo, ni conmigo.
 
 
 

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